Raul Horacio Moreno

Contador Publico Nacional (UCC);
MBA (UADE);
Miembro de Comisión Pymes (CPCESJ);
Director de la consultora R & R Moreno
Vive en San Juan, Argentina
Escribe sobre economía, negocios, management, capacitación y desarrollo de las personas.
En este blog comparte algunos pensamientos cotidianos, frases, descubrimientos, sensaciones y también herramientas de trabajo. Bienvenidos!
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El Decreto 1800 de Noviembre de 2010, declara al vino como la“bebida nacional” de la Argentina. La economía de la provincia de San Juan está ligada a la agricultura y principalmente a la industria vitivinícola. Desde hace décadas, la vid es el principal cultivo de la provincia. Según datos del INV, las vides sanjuaninas ocupan cerca de las 50.000 hectáreas, lo que representan 21% del total de las plantaciones de vid del país y casi el 50% del total de las tierras cultivadas en la provincia, aunque en los últimos años la exportación de uva de mesa superó a las de vinos y mostos y representó el 44% de las ventas del sector vitivinícola.

El vino es uno de los pocos productos argentinos que se exporta y que, a diferencia de los granos, la soja o la carne, tiene marca.

La cantidad de empleos que genera la industria supera las 500.000 personas directamente e indirectamente, por lo que se dice que emplea más gente que la industria automotriz.

Pero la vitivinicultura no es una industria especulativa. Son inversiones de muy largo plazo. Un viñedo se espera que produzca durante 30 años.

La vitivinicultura es la única industria que tiene un Plan Estratégico para el 2020, para lo cual se designó a “Vinos de Argentina” cuyo objetivo es trabajar en forma conjunta con los principales jugadores de la cadena de valor. El Plan Estratégico Vitivinícola (PEVI), plantea una meta para el año 2020 de 2.000 millones de dólares y exportaciones por 1.200 millones de dólares. El año pasado esta cifra totalizó 1.131 millones de dólares.

Pero no es sencillo, el gran desafío que hoy enfrenta esta industria es responder a la aspiración y necesidad de los consumidores, cuyos hábitos y gustos sobre vinos se han modificado sustancialmente. La transformación de la vitivinicultura argentina es muy importante, hoy se prefiere consumir un buen vino antes que mucho vino. Los cambios de precio en vino se justifican por un cambio de calidad. El consumidor busca cosas nuevas y cosas distintas cada vez que va al supermercado.

El mercado interno está creciendo el consumo de vinos de mayor valor, las botellas de más de 18$ están creciendo. Las ventas de argentina desde 1999 se han mantenido pero han pasado del 10% al 30% las ventas al mercado externo. La industria comienza a transitar un camino muy interesante.

La historia del vino en nuestro país reconoce dos etapas: Hasta los noventas y posterior a esa década. Entre los años 60 y 90 el argentino consumía 90 litros per capita, 90% vinos básicos, salía de orígen, a granel y se fraccionaba en los lugares de consumo. Como el consumo comenzó a caer, comenzaron a surgir los excedentes, lo que deriva en una extensa regulación del mercado.

A principios de los 90 la actividad se desregula acompañada por una apertura en la economía, se comienza a incorporar tecnología del exterior. Hay actores internacionales que se instalan en argentina y comienza un proceso de transformación centrando el foco en el consumidor.

Como no puede haber un buen vino si no se tienen buenas vides, también se comienza a incorporar tecnología en los viñedos. Así, la incorporación del riego por goteo aprovecha el pedemonte permitiendo la Incorporación de nuevos terruños.

Se gesta así una nueva vitivinicultura. Se comienza a hablar de uvas de calidad, se incorporan nuevos cepajes como el Sauvignon Blanc y el Viognier, al tiempo que otras variedades se fueron perdiendo.

Las bodegas también participaron de esta transformación, en la actualidad todas las bodegas se construyeron pensando no solamente en lo que es la fábrica o elaboración de vino sino también en la incorporación de comedores, restaurants y hoteles.

La transformación obliga a hacer inversiones. Packaging, envases, imprentas y litografías adaptan sus insumos a las nuevas líneas y la industria vitivinícola se transforma en pionera de sustitución de insumos trayendo en asociatividad a los que tienen la tecnología.

En la última década, los vinos argentinos obtienen reconocimiento internacional y cepajes como el Malbec obtienen importantes premios.

Hoy en día la industria sufre, al igual que otras, un problema de competitividad. El atraso del tipo de cambio real constituye una barrera importante. Cabe señalar que, según referentes de la actividad, los salarios se han multiplicado por un factor de casi 5, el precio de la uva por un factor de 4,21 y los otros insumos lo hicieron por 3,06, mientras que el dólar lo hizo por 1,72.

Es la primera vez en la historia de las empresas que hay tantas generaciones conviviendo ya que en las nóminas de personal se agrupan cuatro generaciones trabajando. También los planes de marketing segmentan sus potenciales clientes considerando este grupo que comienza a tomar partido en la actividad económica y que se conoce como la “generación Y”, aquellos jóvenes nacidos desde 1980 hasta el año 2000 y que hoy tienen entre 15 y 30 años.

No podemos tratarlos de igual manera que al resto de nuestros colaboradores ni que al resto de nuestros clientes.

Nacieron en los ochentas, un período de grandes cambios que transformaron el mundo, como la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría. Crecieron en la democracia y con una globalización del uso del celular, el uso masivo de la computadora, internet, una relación estrecha con la tecnología y están acostumbrados a manejarse de una manera virtual. Sus grupos de referencia son mayormente virtuales, a través de las Redes Sociales.

Todo esto tiene su parte positiva y negativa. Lo interesante es que la irrupción de esta generación ha creado un conflicto a nivel de empresas porque presenta un nuevo desafío, tanto los que se incorporan al mercado laboral como los que se incorporan al mercado del consumo.

Desde el punto de vista laboral no resulta sencillo capturar el talento jóven y desarrollarlo.

Esta generación ve la educación como algo normal, sus familias son más pequeñas, padres divorciados, familias amalgamadas y un contexto familiar con parámetros más flexibles. Constituye la primera generación de hijos con ambos padres trabajando de 8 a 10 horas por día.

La característica fundamental es que hay una velocidad de cambio mucho mayor, entonces es muy común la percepción de esta generación como que no tienen compromiso, su vida personal es más importante que su vida laboral, por ello, su compromiso inte

rno con la empresa es menor a su compromiso interno con su propia carrera. Su concepto es de trabajador independiente, no se fidelizan con una compañía, sino que el sentido del empleo es su habilidad para ser empleables. Como consecuencia de todo esto, hay una gran rotación laboral ya que las empresas no los pueden retener y deben salir a hacer su propia “Venta”. Ya no son ellas las que eligen a sus trabajadores sino que buscan ser elegidas. Para ello tratan de aparecer en rankings del estilo “el mejor lugar para trabajar” (Best Place to Work), realizan “onboarding programs”, programas de coaching, feedback y capacitaciones. Los horarios son flexibles, predomina el teletrabajo y la salida los Viernes a las 3 de la tarde. En empresas como Google el  “venite vestido como quieras” o “tu escritorio lo diseñas vos” cobran especial dimensión.

El aporte positivo es que son capaces de hacer varias tareas, piensan lateralmente y son muy dedicados y colaborativos si es algo que les interesa.

Com


o consumidores son personas muy informadas, bastante decididas y suelen ser consultados por otros en compras de tecnología.

Todo proyecto implica un proceso temporal que se lleva a cabo para crear un producto o servicio único, de modo de alcanzar un objetivo, con restricciones de costo y tiempo. Nuestra principal preocupación será optimizar la asignación de los insumos e integrarlos para cumplir con objetivos previamente definidos.

La Gestión de Proyectos (“Project Management”) es la disciplina que estudia la planificación, organización, seguridad, gestión, conducción y control de los recursos para lograr objetivos específicos, permitiéndonos identificar tempranamente los potenciales riesgos y definir anticipadamente planes de mitigación y acciones correctivas.

Esta disciplina cobra especial relevancia porque, según estudios realizados, el 31% de los proyectos son cancelados antes de terminar, el 53% son completados pero con sobrecostos o sobreplazos y finalmente sólo el 16% son completados en el tiempo y presupuesto previstos.

El primer paso será definir el Alcance, que es la descripción escrita del trabajo que se requiere para ejecutar el proyecto.

Supongamos que nuestro proyecto consiste en organizar una cena para tres amigos. El primer paso será definir cada una de las actividades. Mediante la planificación veremos que existen tareas que pueden realizarse en forma conjunta y otras deberán esperar la finalización de una tarea anterior, en nuestro ejemplo, no podemos cocinar si no hemos comprado los ingredientes y no podemos hacer esto último sin antes haber definido el menú.

Por ello, tendremos que buscar la interdependencia entre las tareas y para lograrlo existen técnicas específicas como el diagrama de PERT y el gráfico de barras o GANTT.

Una vez que podamos graficar nuestras actividades, el siguiente paso es encontrar el camino crítico (“Critical Path”) que es el camino de mayor duración y nos indica la fecha más temprana de cumplimiento del proyecto. Por un lado, toda demora en las actividades que se encuentren en el camino crítico llevará a una demora en el proyecto. Por el otro, si queremos acortar la duración del proyecto deberemos ajustar alguna de estas actividades.

Las tareas que están fuera del Camino Crítico nos determinarán la Holgura del proyecto, que es el tiempo que puede retrasarse una actividad sin que implique una demora en el proyecto.

Finalmente, podremos evaluar el rendimiento del proyecto periódicamente ayudándonos con la técnica del Valor Ganado que integra el alcance, el costo y las mediciones del cronograma.

De esta forma determinamos el Valor Planeado (BCWS) que es la suma de los presupuestos de los trabajos planeados a ser completados hasta la fecha de control; el Costo Real (ACWP) que es cuánto costó el trabajo realizado y el Valor del Trabajo Realizado (BCWP) que es la suma de los presupuestos de los trabajos completados.

Estos conceptos nos permitirán medir, en la fecha de control, el Atraso (como una diferencia entre BCWP y BCWS) y el Sobrecosto (como diferencia entre BCWP y ACWP) y aplicar las correcciones necesarias para lograr el objetivo.

En mi opinión, no hay nada mejor para un país que estar altamente industrializado, porque dicha industrialización conlleva un gran desafío como es el de desarrollarse, ejecutar, aprender, crecer y hacernos competitivos para poder en definitiva agregar valor a nuestros productos y participar en mayor parte de la cadena de valor y de la generación de riqueza mundial.

Pero el dilema es que este mismo sueño es el sueño de cada nación del mundo, todos los países quieren entonces comprar los commodities y vender el valor agregado, pero no todos lo logran.

Desde la experiencia de los años de Henry Ford hasta hoy, la industria ha vivido constantes transformaciones. Nadie duda en nuestros días que el mundo es el mercado objetivo, que está ávido de negocios, pero también es cierto que lo único constante del mundo de hoy es el cambio y la industria no es ajena a esta problemática. Cambian los gustos, la moda y los hábitos de consumo. Los clientes no son los mismos que antes, ahora tienen mayor información, mayor conocimiento, están preparados y exigen superiores niveles de calidad de cada uno de los productos que consumen.

Recuerdo con cierta nostalgia una publicidad de la coupé Torino que definía al auto argentino como “la respuesta nacional a los autos importados”. Y realmente cuando alguien se subía a un Torino sentía que tal aseveración no era una expresión de deseos sino más bien una comprobable realidad.

No cabe duda que los argentinos somos talentosos, sin embargo, la industria argentina ha vivido muchas crisis, a tal punto que un industrial expresó hace poco que viven en una sinusoide continua. Nada más gráfico que la curva que representa la función del seno para entender que no siempre las condiciones del país fueron favorables para la industria y esto finalmente ha condicionado nuestro crecimiento a tal punto de no tener escalas de producción.

Según el ministerio de industria de la nación, entre los años 2003 y 2012 ha tenido lugar un crecimiento récord de la industria del 7,5% promedio anual. A su vez, durante este año el país viene tratando de imponer un programa de sustitución de importaciones con resultados disímiles, pero que ha servido como disparador para instalar la discusión sobre el tremendo gap que existe entre la industria que queremos tener y la que realmente tenemos.

Para seguir creciendo el sector debe asumir un fuerte compromiso con la calidad, debemos lograr ser reconocidos mundialmente por nuestra calidad como lo hicieron varios países orientales que modificaron la percepción que los consumidores tenían a priori de sus productos. Para lograrlo, la industria necesita un escenario propicio para desarrollarse, donde sea fundamental la adopción de los últimos desarrollos tecnológicos y la obtención de ventajas competitivas con la colaboración de nuestros aliados del Mercosur.

Sin menospreciar el aporte que los commodities hacen a nuestra economía, hoy no puede concebirse un país sin una industria vigorosa que sea el motor de la economía.